miércoles, 15 de agosto de 2007

Golpes a un huevón.

Golpes en la puerta
Cenizas en la mesa.
El humo se eleva alto,
los intoxica de forma hastiante,
tanto que comienzan a sudar maldades.

Él, escuchando la puerta como webón.
Jurando que puede ser el único capaz de abrirla,
jugando con las cenizas.

Ella, luchando por hacerse escuchar,
pues quiere que sólo él abra.

No saben besar,
pues no se ha dado la oportunidad,
No pueden besar,
pues sus besos son como piedra.

No duros, no fríos,
si no inexpresivos.

La puerta se abre,
el huevón sonríe.
Olvidan el humo, olvidan el sudor.
Ella quiere entrar,
pero le cierran la puerta en su cara.
Esto no tiene final.